Diario La Verdad
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Opinión

Treinta años de neoliberalismo en Sonora

POR ALBERTO VIZCARRA OZUNA


Aunque la política económica neoliberal se empieza a instrumentar en México a principio de los años ochenta, en Sonora agarró su paso firme en los últimos treinta años. Los planes de desarrollo que llegaron a visibilizar al estado como uno de los polos emblemáticos de la agroindustrialización, beneficiado con la aplicación de los avances de frontera en el campo de la ciencia para desalar agua de mar, con la instalación de cuando menos tres reactores nucleares, con el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), no solo quedaron en el olvido, sino que fueron remplazados por el esquema maquilador, en una especie de economía de enclave extranjero que se lleva todo y le deja poco o nada al mercado nacional.

El patrón y la inercia de esos treinta años, se mantiene incólume, aun con el espejismo de que el conflicto comercial de los Estados Unidos con China convertirá a Sonora en uno de los receptores principales de esos desajustes geopolíticos. Un tanto confiados de que las desgracias de otros se pueden traducir en beneficios propios. A eso conduce la ausencia de un verdadero Plan Nacional de Desarrollo y el abandono del modelo económico que, derivado de la Constitución, llegó a sostener una política económica dirigida por el Estado con metas nacionales y propósitos industrializadores.

Durante esas tres décadas, todos los gobernadores, se han ajustado a la norma económica neoliberal. El único que tuvo el arrojo para tratar de romper con el esquema, fue Eduardo Bours Castelo, al brindarle todo el apoyo de su gobierno al impulso del PLHINO, logrando el consenso de los tres estados involucrados en el proyecto (Sonora, Sinaloa y Nayarit), no así el apoyo del gobierno de Felipe Calderón, quien se mostró moralmente pequeño al conocer los montos de la inversión presupuestal requerida para la realización de la gran obra. No entró en la mentalidad maquilera de Calderón, la importancia de una obra de infraestructura cuyos beneficios se orientan a fortalecer las potencialidades agroalimentarias e industriales de la economía nacional.

La antítesis del PLHINO, es el Acueducto Independencia. El concepto opuesto a la política de gestión de más agua y estímulo al conflicto y la división con el reparto de la que no alcanza. Usar la división como instrumento de control y fragmentación de la sociedad, para conducirla al pesimismo y al abandono de ideas y propuestas poderosas que realmente resuelvan los problemas de orden estructural. El acueducto, no solo es el monumento a la corrupción, representa algo mucho más grave para Sonora y para el país: es la sistematización, con el uso de la fuerza, la ilegalidad, la represión y el asesinato, de la imposición de una política hídrica basada en los axiomas neoliberales que desprecian, en este caso, a la tribu yaqui y al valor estratégico de la producción de alimentos que se asienta en el Valle del Yaqui.

Con la excepción específica ya señalada, todos los gobernadores durante los últimos treinta años y hasta el día de hoy, se han sujetado a estas políticas y por lo mismo durante los últimos doce años se han negado a cancelar la operación ilegal del Acueducto Independencia. Lo demás es cháchara y politiquería.

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