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Opinión

Archivo Confidencial | Los políticos que merecemos…

POR ARMANDO VÁSQUEZ A.


Hace años el finado amigo, arquitecto Enrique Flores López, me invitó a una de sus acostumbradas tertulias en su oficina –lechoncito y bebidas espirituosas de por medio, mesero y cocinero, como debe ser, unos frijolitos infartantes, en fin—y alrededor de unos siete u ocho invitados, políticos y empresarios, uno que otro con nombre de calles o colonias de los municipios de donde provenían. Puro macho.

Viejos, literal, lobos de mar. Arriba de los setenta. Por cierto, entonces invitó el arquitecto a su amigo Alfonso Durazo quien no asistió. No recuerdo el por qué, pero era muy amigo suyo y eso lo puede constatar el hoy gobernador. ¿Qué sería la reunión, unos diez o quince años?, no recuerdo. Lo que sí es que se desarrolló uno o dos años después de cuando el arquitecto encabezó la Comisión por la verdad para detectar porqué se perdió la gubernatura y entró Guillermo Padrés. Si, ya hace rato.

Creo que entre los invitados estaba don Chayo Ruelas, un empresario transportista de apellido Martínez, otro de SLRC, agricultor muy conocido por apoyar a candidatos priístas, pero que no recuerdo su nombre, otro más de Santa Ana, dos de Obregón y así por el estilo. Obvio, alguno ex funcionarios.

Era yo el más morro, pero el único periodista. Ah, había un gasolinero del norte con hartas concesiones que años después vería en un recorrido que hizo el Borrego Gándara por aquellos lares, por cierto, recuerdo cuando en un retén, creo que a la altura de Santana, nos detuvimos a orinar todos, incluyendo EGC y pensábamos hacer pipi a un lado del camino pues todo estaba oscuro en el monte, cuando un soldado, montado en una tanqueta, nos dice: “Eit, eit, ahí está el baño” y clarito vimos cómo nos apuntaba. De este tamaño era el cañón con que nos apuntaba.

Espechaditos, aguzando la vista, vimos en un apartado que decía “Baño” en letra morada o lila. Y ahí vamos todos, incluyendo Ernesto, con paso de pingüinos, despacito, aguantándonos, deteniendo los pantalones. Pero esa es otra historia.

Traigo este recuerdo del convivio porque se dio una interesante plática en la oficina del arquitecto. Hubo una pregunta que empezó todo: ¿Qué periodista se merece la sociedad?… me trasladé al eterno debate que tenía con mi apá en mi juventud quien aseguraba que don dinero movía todo… Le alegué mucho para contradecirlo y solamente sonreía. En paz descanse. A mis años, mi red de pensamiento está muy desgastada. La realidad, a la fecha, me bofetea una y otra vez.

Entendí que la pregunta de los viejos les serviría para poder ubicarme como un pobre chamaco pendejo. Y la respuesta fue una: “La sociedad se merece periodistas que le ayuden a tomar decisiones o por lo menos le inviten a reflexionar en este contexto”.

Y se las regresé, luego de una mordida al taquito de lechón, con salsa verde, un poquito de repollo bien picado y gotas de limón: ¿Y cuál es el empresario o político que merece la sociedad?, reviré.

Carraspearon, sonrieron, pero el arquitecto dirigió el debate que se prolongó allende la tragazón y la llegada en abundancia de los wiskis y cigarro tras cigarro. Tres o cuatro horas hablamos sobre el tema por el toma y daca.

Hubo, los empresarios, sobre todo, que alegaron la falta de huevos de tantos que se quedaron en el camino y que por alguna razón nunca emprendieron empresas. Otros despotricaron contra el gobierno, sus políticas recaudatorias como si ello les justificara el no pagar impuestos o buscando algún aliciente, aunque sabían que debían pagarlos y lo hacían a regañadientes.

Como si hicieran un favor al país con su generación de empleos, como si tuviéramos que agradecerles sus iniciativas para que más familias vivieran gracias a su esfuerzo y claro, se sentían defraudados pues siempre eran los malos, por esto o por lo otro. Eran incomprendidos, como aún hoy ocurre.

En cuanto a los personajes políticos recuerdo que, institucionales como eran, les era muy difícil a esas alturas de su vida dejar las redes del PRI en las que crecieron, se desarrollaron y casi todos ellos murieron ya. Eso sí, hablaron de valores partidistas: nunca traicionar entre el decir y hacer, tenían mayor valía quienes contaban con dos tipos de capital político: logrado en base a trabajo en la base o bien, mediante su capacidad intelectual. La única manera de trascender era pertenecer a equipos y así por el estilo. Y nunca decepcionarse y abandonar al partido.

Allí surgió la anécdota de cuando el arquitecto perdió la alcaldía de Hermosillo ante Casimiro Navarro, pues antes de esto hasta guapo hasta era para las damas de alta sociedad. Era el rey. Luego que perdió, se acabaron todas las canonjías que le daba el poder. Y todas, son todas.

Hubo a su vez una especie de consenso: la sociedad como tal requiere de ser dirigida, no esperar a que por sí sola actúe porque era raza combinación de cochi con alacrán, “Cochitrán”, (les bautizó el arquitecto), de tal manera que o quienes tienen la capacidad de ser guiadores positivos actuaban en consecuencia o bien, podían llegar aquellos que la llevaran al carajo. No dejaban de ser una masa.

Recuerdo la frase: “Este país requiere mano dura, fuerte, pero en la búsqueda de prosperidad, como casi lo logra Salinas, lástima que le mataron a Colosio”.

Hoy recuerdo una plática que tuve en su momento con el Padre Villegas quien era el sacerdote del matrimonio Colosio Riojas, pero esa es, de nueva cuenta, otra historia.

Me quedó muy claro en ese convivio que esta es una sociedad con pies de gelatina, moldeable, fácil de manipular donde no habrá políticos químicamente puros, pero que, según los viejos allí reunidos, en su reflexión, para lograr un cambio serio, real, se requería una generación que aun no ha nacido y ellos sabían que no verían en su vida física. Nos falta mucho, concordaron.

Qué pena, pero hoy veo que los acompañaba un buen pedazo de razón.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

***

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…

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