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Opinión

Archivo Confidencial | ¿Por qué no doblan las campanas?

Por ARMANDO VÁSQUEZ A.

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El reciente asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, en Chihuahua, eleva la suma de presbíteros asesinados a siete en lo que va del sexenio.

José Guadalupe Rivas, en Baja California; José Guadalupe Popoca Soto en Morelos; Fray Juan Antonio Orozco Alvarado en Durango; Gumersindo Cortés González en Guanajuato y José Martín Guzmán Vega en Tamaulipas. https://bit.ly/3HKWmVq

Forman parte de la estadística negra de este sexenio que superó los 121 mil homicidios dolosos https://bit.ly/3OeGLj5 y que tiene a este gobierno con una percepción negativa superior al 66 por ciento, según la encuesta trimestral divulgada por el Inegi.

Como pueblo entramos a un desgano que debería ser pecado. ¿Por qué las autoridades eclesiásticas no han doblado las campanas en todo el país en señal de protesta para ver si así se asustan los malosos y las mismas autoridades?

Protestas van y vienen.

En lo que va del sexenio han asesinado a 58 defensores ambientales. https://bit.ly/3AaVwzx

Más de mil 500 policías. https://bit.ly/3yjTeg9

Han muerto Entre cinco y seis mil niños con cáncer por falta de medicamentos. https://bit.ly/3Ovwr61

97 defensores de derechos humanos. https://bit.ly/3Ogp8j8

55 periodistas según la Segob. https://bit.ly/3bcOnUJ

Más de cien políticos candidatos y el registro de 1,066 agresiones. https://bit.ly/3OeIRiX

Casi 13 mil mujeres han sido asesinadas durante el gobierno de AMLO; 3 mil 386 casos han sido considerados feminicidios. https://bit.ly/3tSK9rH

México, el país en el que cada día asesinan a 3 niños y otros 7 desaparecen. https://bbc.in/3zZKFs5

39 alcaldes https://bit.ly/3Ndaxn7

Cada vez son más los médicos y pasantes hostigados y asesinados en la zona rural por el crimen organizado. https://bit.ly/3boaeJ6 y https://bit.ly/3zZLWPT

Y la lista sigue y sigue hasta sumar los 121 mil homicidios en sus diferentes clasificaciones y vertientes.

¿Y qué pasa con la sociedad?…

Las cifras se vuelven un remolino en el cerebro que desfocaliza la gravedad de la situación. Ya no vemos rostros, nombres y apellidos, sino números abstractos que dejaron de impresionarnos. No podemos visualizar que son más de 121 mil familias enlutadas, que lloran la pérdida de un familiar cercano.

Del coraje inicial pasamos como sociedad al conformismo egoísta, el mismo que se adereza con indiferencia y la operación avestruz.

La Iglesia Católica que debería replicar sus campanas, a lo máximo que aspira es a emitir un comunicado, no critica, no sabe si los asesinos de sus sacerdotes son los reales, inventados o bien, si los han encontrado.

¿Por qué no elevan su voz en protesta y piden el apoyo y el exhorto de una autoridad como el Papa al gobierno mexicano y pedirle de una vez excomulgar públicamente a los malandros para no permitirles hacer uso de los sacramentos?… Pero no, allí están prestos a oficiar bautizos, bodas y demás ceremonias religiosas.

Son muy poquitos los sacerdotes asesinados, hasta pudieran alegar, pero ¿cuántos más necesitan?

¿Creerán acaso que con un Padre Nuestro y un Ave María sus sacerdotes asesinados van a descansar en paz?, ¿y que me dice de poner la otra mejilla, sin chistar, hablando quedito, perdonando, sin protestar…?

Esos asesinos son los seres humanos que tanto defiende Amlo. ¿Aún piensan que al César lo que es del César?

El sacerdote, como hacedor de la sociedad, tiene la obligación de, ante los momentos oscuros, ofrecer una luz de esperanza, pero con hechos, no con el sermón dominguero que les sirve de excusa para justificar un espíritu timorato.

¿Y aquella frase “A Dios rogando y con el mazo dando” que evoca un equilibrio entre espiritualidad y acción?, ¿qué no se supone que a los tibios los vomita Dios?

La Iglesia Católica –comunidad y sacerdotes–, sufre una agonía lenta. Las leyes naturales han sido trastocadas: aprobación del aborto, eutanasia, matrimonios entre pares (haber qué hace cuando les obliguen a casamientos entre personas del mismo sexo), la famosa igualdad de género desbarrada, la desaparición de la familia y tantas acciones legislativas que arrasan con su doctrina.

¿Y qué hace la alta jerarquía eclesiástica…? Manejar una posición en contra a través de un escrito. No sirven de ejemplo y sus sacerdotes ya dejaron de sudar en las calles, visitando hogares, preocupándose directamente por las familias para ver si por lo menos cuentan con todos los sacramentos de ley. No los vemos caminando de hogar en hogar. Platicando con los jóvenes, atentos con la comunidad, pero en vivo, en carne y hueso, no a través del celular.

Por eso siguen perdiendo adeptos. Y su imagen personal de luchadores sociales con el crucifijo en mano, se desdibuja poco a poco.

¿Se entiende ahora por qué no doblan las campanas?

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

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Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…

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