Diario La Verdad
Image default
Opinión Principal

Historia de Domingo

Un mundo de felicidad obligatoria

Por Raúl Ruiz
Simone Biles, una jovencita afroamericana estadunidense de apenas 24 años, es la gimnasta más laureada en la historia de esta disciplina deportiva.

Desde el 2013 se ha robado el show de esa disciplina artística y ha acumulado, como ninguna antes, 19 títulos de campeona mundial y 25 medallas.

Su récord es impecable.

Pero además rompió todos los esquemas: Es una aplicada alumna, su piel de color marcó diferencias en un mundo dominado por la piel blanca, y sobre todo destila un carisma inigualable.

Eso la volvió encantadora y la proyectó hacia confines nunca vistos.

Pero ahora algo le pasa a su cabeza.

Las Olimpiadas de Tokio, que se celebran ahora, se esperaba fuera su consagración.

Eso no ocurrió porque en la primera de sus competencias, se retiró y cuando todo mundo sospechaba que una lesión física había motivado su retiro, una dramática realidad nos fue revelada:

El problema era mental.

“No tengo ni una pizca de control sobre mi cuerpo. Esta desconexión entre cabeza y cuerpo es la peor sensación que he tenido en mi vida”, ha escrito la propia Biles en su cuenta de Instagram.

El problema es el agotamiento mental que padece, producto en gran parte de la exigencia física a la que ha sido sometida para mantener su alto nivel de competencia.

Para quienes todos daban como una cosechadora natural de todas las medallas de las competencias en las que participaría la noticia ha caído como una bomba porque ha puesto sobre la mesa de discusión la importancia de la salud mental.

La morenita de Columba, en el estado de Ohio, ha desnudado, con mucha sinceridad y sin tapujos el estrés al que están sometidos los deportistas de alto nivel con el afán de alcanzar sus cada vez más elevadas metas.

Pero sobre todo ha puesto ojo sobre un tema que todos padecemos: La salud mental y el cuidado o descuido de ello.

Biles y sus entrenadores han visibilizado un problema que ha resultado más común de lo que imaginábamos.

María Castrejón, una escritora y sicóloga española que padece el “Transtorno Límite de la Personalidad”, una enfermedad mental que la hace perder el sentido del tiempo y ubicación geográfica, se ha convertido en un símbolo de quienes deben darle visibilidad a los problemas para poder diagnosticarlos, primero, y luego enfrentarlos.

Y lo dice claro:

“Vivimos un mundo de felicidad obligatoria: las redes sociales. Estoy cansada de que en ellas todo sea felicidad, viajes, ‘mira mis niños que guapos son’”.

Para ella eso es ofensivo: “No, hay gente que estamos sufriendo y pasándolo mal, y también hay que verlo. Quiero que la gente se atreva a hablar de todo esto, que se vea esta otra realidad, que no se escondan”, sostiene en su reclamo.

Biles, la jovencita que tuvo que ser criada por sus abuelos maternos, pues sus padres eran adictos a las drogas, ha visibilizado con una crudeza inaudita los serios problemas de salud mental a los que se enfrentan los deportistas de alto rendimiento.

Pero no fue la primera.

Tampoco lo notamos mucho, en ese afán de no querer involucrarnos con los problemas que nos aquejan, cuando en el 2016 el astro del nado, Michael Phelps abordó el tema y habló de la depresión y los pensamientos suicidas que se agolpaban en su cabeza.

Tampoco nos detuvimos a analizarlo cuando ese gigante del basquetbol que es LeBron James advirtió junto con otros deportistas de esa disciplina que había que analizar los desafíos emocionales que los apresaban en muchas ocasiones ante la exigencia del deporte tan competitivo.

Y volvimos a demostrar nuestra ceguera de taller cuando, de manera más reciente la tenista japonesa Naomi Osaka, la abanderada del país anfitrión, habló sobre su batalla contra la ansiedad.

Todo ello a pesar de las críticas y la incomprensión que le acarreó, más que palabras de aliento y comprensión la criticaron de manera tan feroz que se cree que es una de las razones por las que ahora fue eliminada.

Ante tantas señales sobre el tema para los simples mortales, aquellos que no somos atletas de alto rendimiento, vale la pena que nos detengamos un momento, nos analicemos y analicemos a quienes nos rodean y queremos y veamos ¿qué dice la mente?

Si lo hacemos, como afirma Diego Ruzzarin, un filósofo brasileño avecindado en México, y quien ha irrumpido en las redes sociales con su podcast “Ruzzarin Bros”, donde ventila y polemiza por temas de actualidad, habremos de darnos cuenta que, aunque debemos buscar la felicidad, debemos estar conscientes que alcanzarla está plagada de errores, caídas, sin sabores y fracasos, antes de probar las mieles del triunfo.

Así es la vida, el cerebro, inteligente y sagaz, lo sabe, pero démosle oportunidad de no tratar de engañarlo con escenarios imposibles o, como le está ocurriendo a Simone Biles, extraordinarios que nos terminan haciendo infelices.

Noticias relacionadas

Deja un comentario