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Historia de Domingo

La explosión del “Guerrero Interno”

Por Raúl Ruiz
Ricardo Carapaz Montenegro, un ecuatoriano que ayer sacudió al mundo al ganar, contra todos los pronósticos, la medalla de oro en la Carrera de ruta del ciclismo olímpico, comerá bien pronto un plato de papas cocinadas con cáscara y queso.

Su madre, Doña Ana Montenegro, tras limpiarse las lágrimas que le provocaron las emociones por el relevante triunfo de su hijo en Tokyo, Japón, lo anuncio: “Es su comida preferida…”.

Y vaya que Doña Ana lo conoce y lo sabe:

Ella y Don Antonio, un trabajador agrícola y padre de Ricardo, “La Locomotora”, descubrieron la afición de su hijo todavía pequeño por el ciclismo.

Entonces, en su pobreza ancestral, sólo pudieron regalarle una bicicleta vieja que no tenía llantas, sino solo rines pelones.

Con esa jugaba, pero fue lo que por primera vez acercó a Ricardo, allá en la lejana provincia del Carchi, en el Nororiente de Quito, la Capital, a 3 mil 100 metros de altura, a lo que sería su pasión, pero sobre todo su manera de explotar el “Guerrero Interno”.

Eso lo aprendió de su entrenador, Juan Carlos Rosero García, el primero en detectar las habilidades de “El Richi”, y a quien después bautizaría como “La Locomotora”, por su imparable voluntad y fuerza para pedalear:

“…Decía que todos tenemos un Guerrero Interno que explota por algo. Es algo que llevamos dentro. En mi caso explota en la bici…”, refiere el ahora famoso ciclista latinoamericano, quien antes de ganar el oro olímpico obtuvo el tercer lugar en la carrera más famosa y retador de esa disciplina: “La Vuelta a Francia” (mejor conocida como “Tour de France”).

Sus logros no se hicieron de la noche a la mañana, sino que se gestaron en el seno de su familia.

La propia “Locomotora” reconoce que de su madre aprendió la alegría y su sentido de vivir la vida, de su padre (en mucho tiempo ausente por su trabajo) el trabajo férreo y disciplinado, pero de su abuelo José María Carapaz, a quien todavía idolatra, la necesidad de soñar.

Fue su abuelo José María quien le leía historias y de ahí le nació una inquietud:

“… Yo lo escuchaba y decía «quiero vivir eso”.

“La Locomotora” ha soñado y en grande.

Su triunfo no sólo es un enorme logro para Ecuador que sólo ha tenido a dos medallistas olímpicos en toda su historia.

El primero fue Jefferson Pérez, un marchista que ganó Oro y Plata en olimpiadas anteriores y ahora está en el retiro.

Ricardo surge ahora no sólo como una de las nuevas y grandes esperanzas del deporte latinoamericano, sino como un símbolo de que el trabajo duro y constante, arroja resultados.

Ahora se sabe que su rutina diaria, cuando apenas tenía 7 años, era levantarse a las 5:00 de la madrugada a ordenar a las 12 vacas que tenía la familia, llevar la leche para con su madre que con ello haría quesos para vender y luego, antes de las 7:00 “La Locomotora” debía partir apresurado a sus clases en la primaria.

Después aprendió que, el deporte, primero tomado como entretenimiento, debía ser complementado siempre con trabajo duro y disciplinado.

Por eso ahora, en las Olimpiadas del lejano Tokio, el número 60 de Ecuador recorrió los 234 kilómetros en poco más de 6 horas, en una ruta que inició en Musashinonomori Park y finalizó en el famoso Fuji International Speedway, y demostró que todo es posible.

Su “Guerrero Interno” derrotó al belga Wout van Aert, quien ganó la Plata, y al esloveno Tadej Pogacar, quien se adjudicó la medalla de bronce.

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“… Una poesía con versos aclamados por un pequeño pueblo. Este oro es para quien realmente ha creído en mí. También para mis hijos, esposa y mis padres. ¡Los amo! Sepan seguro que los días más grandes se escriben con la misma tinta de olimpo. Gracias Ecuador …”

Ricardo Carapaz, en su primer mensaje en redes sociales tras ganar la medalla de oro en ciclismo en la Olimpiada de Tokyo 2020.

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