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Opinión

Historia de Domingo

La enseñanza de Jacinda

 

Por RAÚL RUIZ

Para Juan Pedro Robles, el personaje de la sonrisa eterna

Entre el 2001 y el 2003 en la Isla de Nueva Zelanda se grabó la trilogía de películas “El Señor de Los Anillos”.

De acuerdo con los productores la selección del lugar se hizo por lo extraordinario de sus paisajes.

Después de eso, se detonó un gusto de los cineastas por utilizar locaciones de ese país para grabar varias películas y por eso ahí se filmaron “Las Crónicas de Narnia”, el resurgimiento de “King Kong”, hasta el tierno “Oso Yogui”.

Por esos hechos el país saltó a la fama mundial.

Por eso era conocido… hasta que empezó a aparecer el nombre de Jacinda Ardern.

Esta, una mujer de 40 años que fue nombrada Primera Ministra el 1 de agosto del 2017, se ha convertido en una de las nuevas referentes del orden mundial.

Y lo ha sido por una razón tan sencilla como tan escasa en los políticos: Su empatía con sus ciudadanos.

Luego de un accidentado primer trienio al frente de su Gobierno, ella ha vuelto a ser votada apenas ayer sábado y lo ha sido de manera abrumadora:

El 47% de los neozelandeses, sobre todo las mujeres, han votado para que se mantenga en el cargo y siga adelante con sus políticas públicas enfocadas a lo que ella llama, ‘los más necesitados’.

De corte Liberal, Jacinda sorprendió al mundo al encabezar, con una gran empatía, la que hasta ahora es considerada una de las mejores (si no la mejor), estrategia sanitaria para enfrentar el Coronavirus.

Su decisión de que todos, en un gran acuerdo ciudadano y social, se fueran al encierro como una acción preventiva, para evitar que el sistema de salud colapsara y poder retomar de nuevo la actividad económica, resultó tan efectiva que el Mundo volteó a verla.

Ella, como capitana de la estrategia, empató su acción con un discurso sencillo, de ama de casa, coherente, pero sobre todo sincero y transparente para con sus conciudadanos.

Su gran evaluación ha sido el aplastante refrendo de su gestión.

Ardern ha arrasado con el 47% de los votos y con ello, en algo muy similar a lo ocurrido en su momento con Andrés Manuel López Obrador, ha arrastrado a los diputados de su partido, el Laborista, para que ganen la mayoría absoluta del parlamento.

Para fines prácticos ella no necesita a nadie más, más que a los suyos, para gobernar.

Eso es un fenómeno:

No ocurría en Nueva Zelanda desde hace 50 años.

Su opositora más cercana, Judith Collins, del Partido Nacional y quien ya fue también ministra obtuvo apenas el 27% de los votos.

Los analistas resumen en dos palabras la explicación del resultado electoral: Ardern es empática y sencilla.

Ella, diferente a los políticos tradicionales, regresó a lo básico.

Una gran lección sin duda.

Quizás es hora de que, en general, en todo lo que hacemos retomemos lo básico.

Ahora que Louis Gluck, la estadunidense que ganó el Premio Nobel de Literatura, ha simbolizado el retorno a los primeros planos literarios del mundo de la creación poética, y muy a tono con lo que ocurre allá en la lejana Nueva Zelanda, es hora de hacerle caso a Adalbert Salas, su traductor venezolano, quien pide recuperar eso, lo perdido, y algo de eso es precisamente la poesía.

El hecho de que el Nobel reconozca a la poesía era necesario, pues la poesía significa un respiro en una modernidad en donde las pausas ya son escasas:

“Es el momento oportuno para volver a tomar a la poesía como una forma de defendernos en un mundo hostil. La poesía en particular te invita a hacer una pausa, estamos en un mundo en el que las pausas no existen, y la poesía te dice detente, presta atención a esto que te voy a decir, a ese puñado de palabras que te pueden cambiar el día”.

Ojalá y estas dos claras señales de regresar a lo básico tengan eco en nuestro quehacer cotidiano.

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“… Por favor, sé fuerte y sé amable…”

Jacinda Ardenr, Primera Ministra de Nueva Zelanda, en la frase utilizada como slogan en sus causas.

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