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Opinión

Gritan que no son iguales y hacen lo mismo

Por ALBERTO VIZCARRA OZUNA

Mientras el presidente López Obrador promete un Plan de Justicia para la Tribu Yaqui, la alcaldesa de Hermosillo instrumenta la extensión del Acueducto Independencia – obra que ilegalmente le sustrae agua a la Cuenca del Río Yaqui- con la pretensión de construir el llamado Ramal Norte, (Acuaférico Oriente), incrementando así la tensión hídrica en Sonora, pues con ello no se gestiona más agua para la entidad, por el contrario, en el empeño de repartir el agua que no alcanza lesionan existencialmente a los yoremes y afectan las actividades productivas del Sur de Sonora.

Este martes 23 de junio, a la sombra del pico más alto de contagios y muertes por la pandemia, la alcaldesa convocó a sesión de cabildo para aprobar la gestión de recursos privados y continuar con la construcción de la parte urbana del Acueducto Independencia, el proyecto señero del gobierno de Guillermo Padrés, que muy pronto pasó a ser motejado como el monumento a la corrupción.

El dictamen de la Comisión de Hacienda Patrimonio y Cuenta Pública, y de la Comisión de Desarrollo Urbano, que fue aprobado por el cabildo es una pieza entera de desvergüenza. Candorosamente deciden ignorar los procesos judiciales irresueltos que pesan sobre el acueducto y la alcaldesa pastorea a los regidores como si fueran súbditos de la camarilla de especuladores inmobiliarios que desde el gobierno de Padrés fortalecieron su viejo objetivo de desviar las aguas del Río Yaqui a la ciudad capital para engordarse los bolsillos de dinero fácil. No tienen vocación empresarial, no desarrollan nada, compran terrenos baratos y luego los venden caros al corromper a las administraciones municipales para que les lleven el agua y la infraestructura urbana. Se lavan la cara con el pomposo nombre de desarrolladores inmobiliarios.

Como lo hizo notar un hermosillense y agudo observador de estos asuntos: en la sesión de cabildo de ese día se mencionó que el acuaférico o Ramal Norte, destrabaría la celebración de contratos con los especuladores de terrenos urbanos que están demandando agua para proyectar sus negocios.

Ahora la mujer de los insólitos desplantes, Célida López, se dispone a lograr que los diputados locales se agachen como lo hicieron sus regidores para prestarle los servicios requeridos a los grupos privados que están asaltando las aguas del Río Yaqui. Tiene la confianza de que como mandadera de esos grupos rendirá a los legisladores y los hará partícipes de los atropellos e ilegalidades que lastiman la existencia de la Tribu Yaqui y trastocan el desarrollo del sur de Sonora.

Hay constancia jurídica de que el acueducto opera ilegalmente, pues carece de Manifiesto de Impacto Ambiental. Al respecto la Suprema Corte ordenó una consulta a la tribu Yaqui -misma que no concluye- y advirtió que si antes de concluida dicha consulta se demostraban afectaciones irreparables a la etnia con la operación del acueducto, este debería ser cancelado. Las afectaciones fueron demostradas por un peritaje convenido en el protocolo de la consulta y realizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. No obstante SEMARNAT continúa sin obedecer dicho dictamen que tiene valor jurídico y por lo tanto efecto vinculatorio al proceso de la consulta.

El gobierno de López Obrador ha preferido taparse los ojos frente a esta realidad y al respecto repite la conducta de Calderón y Peña Nieto. Grita mucho que no son iguales, pero hace lo mismo.

Mientras tanto los productores rurales, la Tribu Yaqui y el Movimiento Ciudadano por el Agua, han advertido que no consentirán  estos abusos, como no lo hicieron frente a los gobiernos de Calderón y Peña Nieto y su complicidad con el corrupto de Guillermo Padrés.

Sostienen que lucharán con todos los recursos legales y políticos a su alcance, como lo han hecho durante estos años, para que la injusticia no termine por consumarse y para que Sonora fortalezca sus pasos en dirección a una política que unifique a los sonorenses en torno al impulso de la gestión de más agua con la desalación y proyectos como el Plan Hidráulico del Noroeste, (PLHINO).

 

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