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Una sagrada aventura

Por Raúl Ruiz
En 2010, en uno de sus retiros creativos, el pintor español Pablo Picasso se fue a “El Bolsón”, en Argentina.

Ahí, en el corazón del Departamento de Bariloche, cerca de la Patagonia, y en un sitio famoso por su belleza natural, enmarcada por bosques y ríos, el creador de la corriente del Cubismo en la pintura, escribió un hermoso pensamiento que tituló “Yo no busco, yo encuentro”.

Es una reflexión sobre la magia de buscar lo desconocido, pero sobre todo la emoción de encontrarlo.

En tiempos de pandemia, cuando lo que reina es la natural incertidumbre, vale la pena leer y releer a Picasso y su reflexión “Yo no busco, Yo encuentro”, para animarnos a buscar lo desconocido ante una realidad que nos obliga a salir de nuestras zonas de confort y cambiar.

Este es el texto:

Yo no busco, yo encuentro.

Buscar es partir de hechos conocidos y querer algo conocido en lo nuevo.

Encontrar, es lo totalmente nuevo, también en el movimiento.

Todos los caminos están abiertos, y lo que se encuentra, es desconocido.

Es un riesgo, una sagrada aventura.

La incertidumbre de tales riesgos solo puede ser asumido por aquellos, quiénes en la desprotección se saben protegidos, quiénes en la incertidumbre, en la ausencia de conducción son guiados, quiénes en la oscuridad se entregan a una estrella invisible y se dejan atraer por metas, y no determinan en forma humanamente limitada y estrecha la meta.

Esta apertura hacía todo nuevo conocimiento, hacía toda nueva vivencia interior y exterior:

Es la esencia del ser humano moderno, quién frente a todo miedo de “soltar”, experimenta, sin embargo, la gracia de sentirse sostenido en la manifestación de nuevas posibilidades.

Pablo Picasso

El Bolsón, Abril 2010

Hasta aquí el texto del famoso pintor.

Una de los campos estratégicos en los que debe haber cambios es en la educación.

Y debe haberlos por lo que representa.

El problema es que con la pandemia, una de las principales víctimas serán los sistemas educativos tradicionales.

Los primeros saldos empiezan ya a contarse: La carencia de infraestructura y de modelos flexibles en los sistemas educativos del Mundo provocará que 1,500 millones de niños y 60 millones de profesores pierdan sus escuelas y trabajo.

Es un escenario catastrófico porque la nueva realidad sanitaria exige condiciones de equipamiento básico en escuelas y en los hogares de los menores que no se tienen: Desde agua potable en los planteles, hasta plataformas tecnológicas en las escuelas y en las casas de alumnos y profesores con los que no se cuentan en el caso de la necesidad de tener que tomar clases a distancia, por ejemplo.

A todo esto se ha agregado un ambiente familiar hostil, donde priva la disfuncionalidad familiar y la violencia, factores que se convierten en obstáculos para enfrentar la nueva realidad sanitaria.

Sonia Díez, un pedagoga reconocida a nivel internacional y quien desde hace varios años pugna por romper los paradigmas que han dominado la educación y optar por modelos más flexibles, donde el eje de todo el sistema sea el estudiante y su felicidad (un concepto cada vez más extendido), considera que los actuales tiempos son una oportunidad para hacer ese cambio.

Ella, una mujer con una vida personal asombrosa, pues venció a una enfermedad terminal y se ha propuesto, antes de que su salud sea embestida de nuevo, a luchar por la transformación de la educación, tiene claro lo que hay qué hacer:

1.- Cambiar las leyes: Las actuales son obsoletas y la mejor muestra es que faltan garantías sobre otras formas de hacer educación, como la virtual.

2.- El éxito de las escuelas depende de sus líderes: Quién sea el Director es determinante.

3.- La Supervisión Educativa no debe ser “controladora”: Es más relevante aplicar su experiencia y conocimiento para aportar valor y equidad en procesos de inestabilidad y cambio.

4.- Los sindicatos, lastre: Los sindicatos tienen que abandonar las posiciones conservadoras que solo llevan a inmovilismos y empezar a proponer soluciones flexibles de trabajo.

5.- La tecnología, la nueva aliada: Hay todo un mundo de posibilidades tecnológicas al servicio de la educación, pero que la tecnología, sin pedagogía, ni enseña ni educa.

6.- Recuperar el concepto de comunidad: La a escuela, sostiene la especialista es, ante todo, comunidad y que se debe a ese compromiso, por encima de todo, el compromiso con el que muchos profesores se han reinventado en un tiempo récord y han dado todo lo que son capaces frente a la adversidad.

7.- No hay nada seguro: La seguridad no existe y que somos resistentes, somos resilientes, somos capaces, y que sabemos más, que podemos más y que no todo está dicho y hecho en educación.

La actual crisis sanitaria implica riesgos, pero sobre todo oportunidades.

Asumámoslo así, como decía bien Picasso, quien nos invitaba a ser aquellos en quienes en la incertidumbre, en la ausencia de conducción son guiados y se entregan a una estrella invisible y se dejan atraer por metas.

Atrevámonos a correr esa sagrada aventura.

Nuestros niños se lo merecen.

****

“… La educación es la gran artífice de la equidad social. Sin ella, la brecha de desigualdad crece, y lo hace de una manera exponencial…”
Sonia Díez, experta en educación

 

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